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▷ Rapunzel 【El cuento original adaptado a niños】

Portada » cuentos cortos infantiles para niños » Rapunzel

El cuento de Rapunzel pertenece al género de hadas, es uno de los más conocidos de los Hermanos Grimm. Se publicó por vez primera en mil ochocientos doce en Alemania y desde ese momento se han hecho cientos y cientos de adaptaciones, llevando aun la historia al cine.

Si bien la historia original es considerablemente más cruda, las adaptaciones infantiles del cuento han ido suavizando ciertos detalles y suprimiendo otros, hasta crear el cuento que todos conocemos hoy. ¡Goza de la historia!

cuento de Rapunzel amoldado para niños

Érase una vez una mujer llamada Anna que vivía infeliz pues, tras múltiples años de matrimonio, no había cumplido su gran deseo de ser madre. La carencia de esperanza le hacía sentirse tan mal, tan deprimida, que llegó un instante en que todo cuanto sucedía a su alrededor dejó de interesarle.

Ya no se la escuchaba cantar mientras que cocinaba su conocido pastel de carne, ni daba largos paseos las tardes de sol. Su día tras día se limitaba a subir a la buhardilla y sentarse al lado de la ventana a contemplar el jardín que su vecina, una hechicera con fama de desalmada, tenía del otro lado del muro que acotaba su casa. Y de esta forma, entre suspiro y suspiro, en silencio y prácticamente sin comer, pasaba las horas sumida en la más profunda de las melancolías.

Su querido esposo Robert, que la amaba locamente, estaba verdaderamente preocupado por su salud y se sintió en la obligación de darle un toque de atención.

  • Querida, no puedes proseguir de esta manera. ¡Debes animarte un tanto o bien terminarás enfermando!

La mujer parecía ausente, tal y como si alguien le hubiese robado la fuerza precisa para vivir.

  • Anna, por favor, te hablo muy de verdad. ¡Reacciona!

Las palabras de Robert hicieron cierto efecto; Anna, con la mirada fija en el cristal, levantó el dedo índice y balbuceó:

  • ¿Ves aquellas flores que medran en el jardín de la hechicera Gothel? ¿Las de color azul intenso?

Robert miro en la distancia y asintió.

  • ¡Claro que las veo! ¿Por qué razón lo afirmas?
  • Tan solo una infusión hecha con sus raíces podría curar el gran dolor que habita en mi corazón.

El hombre se angustió al meditar que debía invadir una propiedad que no era suya, mas asimismo era siendo consciente de que, si deseaba salvar a su mujer, no le quedaba otra que armarse de valor y también ir a buscar esas flores. Tragándose todos y cada uno de los temores, le susurró:

  • Tranquila, mi amor; esta noche voy a preparar esa bebida para ti.

—————–

El bueno de Robert esperó pacientemente a que asomase la luna para salir al patio trasero y llegar hasta el muro. Amparado por la obscuridad escaló por él, descendió por el lado que daba al jardín de la hechicera, y corrió hasta donde florecían las frágiles campanillas. Había tantas que en un pispás formó un bonito ramillete.

  • Supongo que son suficientes, conque ¡manos a la obra!

Nervioso como una lagartija volvió sobre sus pasos y se fue directo a la cocina. Avivó el fuego para hervir las raíces, y lista la infusión, se la ofreció a su esposa.

  • Tómatela despacio y acuéstate. Precisas reposar.

Anna tomó el contenido de la taza y se fue a dormir. Al día después, Robert se puso muy, muy contento al observar que su esposa se despertaba con más vitalidad, con las mejillas sonroseadas, y hasta esbozando una ligera sonrisa.

  • ¡Qué satisfacción verte un poco mejor! Proseguirás con la medicina hasta el momento en que te recobres.

Trabajó toda la jornada como es costumbre, y cuando anocheció repitió la proeza de saltar al jardín de su vecina. Cuando llegó al sitio donde medraban las flores azules, se inclinó para arrancar una docena.

  • Diez… once… y 12. ¡Excelente, ya las tengo!

Bien poco le duró la alegría, puesto que en ese momento una voz profunda y desapacible resonó sobre su cabeza.

  • ¡¿Qué tienes, ladrón sobrante?!

Temblando como un flan, Robert se puso de pie y vio una espantosa hechicera desdentada que le miraba con cara de odio. Ante tan desapacible encontronazo, solo se le ocurrió poner una falsa mueca de sorpresa y intentar decir algo afable.

  • ¡Oh, señora, qué enorme placer conocerla! Múltiples años siendo vecinos y es la primera vez que nos vemos las caras. ¡Es más atrayente y esbelta de lo que me habían contado!
  • ¡Déjate de cantinelas y dime qué haces en mi finca!
  • Verá, mi esposa está muy enclenque y solo va a poder curarse si toma infusiones preparadas con las campanillas de su jardín.

Presa de la indignación, la hechicera bramó:

  • ¡¿Mas de qué forma te atreves a invadir mis tierras y hurtar mis más apreciadas flores?!
  • Tiene toda la razón, no debí hacerlo, mas deje que me lleve ciertas. ¡Usted tiene un montón y no las va a echar en falta!
  • ¡No, no, y mil veces no! ¡Vas a tener un castigo que no olvidarás!
  • ¡Tenga piedad, por favor! Anna es una muy bella persona y solo deseo que esté de nuevo sana, a ser feliz como otrora.

La hechicera Gothel estaba enfadadísima, mas de súbito, se percató de que podía sacar tajada de la situación.

  • ¡Cállate ya, que me sacas de quicio con tanto gimoteo! A fin de que veas que no soy tan mala persona, voy a dejar que el día de hoy y únicamente el día de hoy, te lleves todas y cada una de las campanillas que desees.
  • ¡Oh, qué bien! Es una bru… ¡una dama cautivadora!
  • ¡Silencio, no he terminado! Como puedes suponer, esto no es un regalo.
  • ¿Ah… no?
  • Claro que no, majadero, esto es un trato.
  • ¡¿Un trato?!
  • Escucha con atención: a cambio de las campanillas deberás prometerme que si en un futuro tu esposa y tenéis descendencia, me vas a dar el bebé cuando nazca.

Robert se quedó pensando que tras tantos años aguardando un hijo eso ya no ocurriría, con lo que respiró aliviado y admitió el pacto sin inconveniente.

  • Un trato justo, señora. Tiene mi palabra de que de este modo va a ser.
  • ¡Puesto que no se hable más! ¿Ves ese saco? Es para ti. Coge todas y cada una de las flores que precises y lárgate de acá antes que me arrepienta.

Robert llenó el saco y retornó a su hogar brillante de dicha. Ya en solitario, la hechicera regresó a su mansión, y cuando cerró la puerta, soltó una estruendosa carcajada.

—————–

Gracias a las infusiones al día Anna recobró la salud y el buen humor hasta el punto de que sucedió algo inesperado: se quedó encinta, y a los 9 meses dio a luz a una muy linda niña a la que llamaron Rapunzel.

La dicha de la pareja era tan grande, que Robert ni se acordó del acuerdo con la hechicera. La desalmada Gothel, en cambio, lo tenía muy presente: solamente oír el lloro del bebé, se dio prisa por ir a demandarlo.

  • ¡Je, je, je! Ha llegado el momento de hacer una visita a los vecinos. ¡Menuda sorpresa se llevarán!

Sin enseñar ni un ápice de compasión, la muy miserable se coló silenciosamente en la residencia de Robert y Anna. Como era de aguardar, los halló mirando embelesados a la pequeñina, que dormía plácidamente en su cuna de madera. Al feliz papá le dio un vuelco el corazón cuando vio a la hechicera entrar como una rata asquerosa en la habitación.

  • ¡¿Qué hace acá?!… ¡Fuera de mi casa!

Gothel, sin alterarse, se enfrentó con él.

  • ¿Qué me vaya?… Sí, mas cuando cumplas tu palabra, queridísimo vecino. Hicimos un trato, ¿recuerdas? Tu mujer está sana merced a mis flores, conque esta niña es mía.

Anna, que no sabía nada del acuerdo, se puso delante de la cuna y gritó:

  • ¡Jamás te voy a dar a mi hijita, vieja ida!

De nada sirvió. Gothel la separó de un empujón y la pobre fue a caer sobre Robert, quedando los dos tirados en el suelo. Aprovechando ese estado de indefensión, la miserable hechicera secuestró a la recién nacida y se la llevó a un sitio donde sabía que absolutamente nadie la iba a hallar.

—————–

Pasaron los años y Rapunzel se transformó en una joven admirable y también impresionantemente atrayente. Sus ojos color esmeralda y unos muy largos pelos dorados como el sol despertaban admiración. ¡Todos y cada uno de los muchachos de la región suspiraban por su amor! Gothel, miedosa de que decidiese casarse con alguno, tomó una atroz determinación el día que la chavala cumplió dieciocho años.

  • Rapunzel, te has transformado en una mujer y no deseo que absolutamente nadie te separe de mí. Desde el instante en que naciste hemos vivido juntas en este pueblo de montaña, mas de ahora en adelante continuarás apartada del resto del planeta.
  • ¿Por qué razón, señora? Yo no he hecho nada malo… ¡Usted no puede hacerme eso!
  • ¡¿Que no puedo?! ¡Tú misma lo vas a revisar!

Y sin más ni más explicaciones, la llevó a un torreón descuidado en la mitad del bosque y la encerró en la parte más alta. Ya antes de pirarse, la vieja se aseguró de tapiar la puerta de entrada a fin de que en modo alguno se pudiese escapar.

—————–

A partir de esa aciaga resolución Rapunzel debió resignarse a vivir presa, con la única compañía de unos pocos libros y un harpa de la que extraía las más deliciosas armonías. La hechicera se presentaba todas y cada una de las tardes con una cesta llena de comestibles, y como la entrada estaba sellada, se ponía a los pies de la torre y la llamaba a gritos:

  • ¡Rapunzel, niña hechicera, lánzame tu cabellera!

Rapunzel, siempre y en toda circunstancia obediente, se asomaba a la ventana y dejaba caer su muy larga trenza rubia a fin de que Gothel pudiese escalar por ella hasta la ventana. Cuando la visita acababa, la hechicera la usaba nuevamente para bajar tal y como si de una cuerda se tratase, y se iba dejando a la chica en conjunto soledad.

Esta era la vida de la hermosa Rapunzel hasta el momento en que, una tarde de primavera, el apuesto príncipe Alexander salió a caminar, y sin caer en la cuenta se adentró en lo más profundo del bosque a lomos de Donner, su inseparable corcel.

  • Caballito mío, temo que nos hemos distanciado demasiado y absolutamente nadie sabe que estamos acá.

Al virar para tomar el camino de vuelta, percibió algo que despertó su curiosidad.

  • ¡Un instante! ¿Qué es eso que se ve tras aquellos árboles?

El príncipe se aproximó y confirmó que se trataba de una torre antiquísima, supuestamente desierta.

  • ¡Menudo descubrimiento! Este torreón debió ser parte del castillo de algún noble, o bien quizás de uno de mis ancestros. ¡Qué interesante!

Estaba pasmado mirando la sorprendente construcción de piedra, cuando llegó a sus oídos el canto más exquisito que absolutamente nadie pueda imaginar. Sin bajarse del caballo, comenzó a mirar en todas y cada una de las direcciones.

  • No sé si sueño o bien son alucinaciones, mas ¡acabo de percibir una voz angelical!

El joven intentó no desplazar ni un pelo para concentrarse en el sonido.

  • Parece una mujer… ¡y de fondo suena un harpa!

Detectó que la tonada procedía de la única ventana que había en lo alto de la torre.

  • Ahí arriba hay alguien, mas ¿de qué forma ha podido entrar si la única puerta que existe está tapiada?

Intrigado, rodeó la torre múltiples veces.

  • Todo esto es rarísimo… ¡Debe haber alguna forma de subir!

Mientras fisgaba en pos de alguna pista, un estruendos le alteró.

  • ¡Alguien se aproxima! Escondámonos tras esos matorrales. ¡No te muevas, Donner, no deseo que nos descubran!

Ocultos por la maleza fueron testigos de la llegada de una inquietante anciana que llevaba una canasta amarrada a la espalda.

  • ¡No comprendo nada!… ¿Quién es esa señora y qué pinta en el corazón de este bosque solitario? ¡Todo esto me da malísima espina!

Gothel, sin saber que 2 pares de ojos la observaban, se detuvo bajo la ventana y gritó:

  • ¡Rapunzel, niña hechicera, lánzame tu cabellera!

Una larga trenza dorada asomó por la ventana y la hechicera, ni corta ni vaga, comenzó a escalar por ella.Cuando desapareció por el hueco, el príncipe sintió un escalofrío en el lomo.

  • ¡Si no lo veo, no lo creo! ¡¿Qué demonios pasa acá?! Me voy a quedar un rato a ver si consigo llegar en el fondo de la cuestión.

Aguardó impaciente unos minutos que se le hicieron eternos, hasta el momento en que la trenza resurgió y la hechicera se descolgó por ella para después irse por donde había venido. Cuando el príncipe se viró cara la testera de la torre, la trenza de pelos dorados ya no estaba.

  • ¡Acá hay gato encerrado y no pienso irme hasta el momento en que resuelva el misterio!

Salió de su escondite, se aproximó a los pies de la torre, y también imitando a la hechicera gritó:

  • ¡Rapunzel, niña hechicera, lánzame tu cabellera!

La larguísima trenza cayó junto a él y prácticamente le golpea en la nariz.

  • Pero esto es… ¡esto es increíble! Me muero de ganas de saber quién demonios está ahí arriba.

Escaló a pulso hasta la ventana, brincó al interior de la torre, y ¡oh, sorpresa!, halló a una muy, muy guapa chavala que prácticamente se muere del susto al ver un intruso invadiendo su alcoba.

  • ¡Auxilio!… ¡Socorro!… ¡¿Quién es ?!

Durante unos segundos el príncipe no pudo articular palabra, encandilado por la belleza de la joven. Cuando al fin reaccionó, afirmó con voz suave:

  • No temas, por favor, yo… ¡ no voy a hacerte daño! Escuché tu fantástica voz y decidí que debía conocerte. Lo que no imaginé es que serías tan bella.

Rapunzel se sonrojó.

  • Gracias por tus palabras, pero… ¡no sé quién eres!
  • Tienes razón, disculpa mi descortesía.

El chico puso su mano derecha sobre el corazón, y haciendo una muy elegante reverencia, afirmó:

  • Soy Alexander, hijo mayor del rey.

La pobre Rapunzel prácticamente se cae redonda. ¡Estaba frente al mismísimo príncipe Alexander! Sin poder articular palabra se fijó pausadamente en el atuendo del muchacho: zapatos de terciopelo negro con hebilla dorada, una capa roja prendida en los hombros con broches de zafiros, ¡y el distintivo de la casa real bordado en los puños de su camisa! Indudablemente, ese joven tan guapo afirmaba la verdad.

  • Es cierto… ¡eres el príncipe heredero al trono!

Nada más decir estas palabras, Rapunzel se miró y se puso roja como un tomate: un vestido incoloro y unas zapatillas de arpillera no eran lo más conveniente para dialogar con un príncipe de cuento.

  • Y yo con este aspecto… ¡qué vergüenza!

El galán príncipe se apuró a cogerla de las manos.

  • ¿Vergüenza por qué razón? Es verdad que por mi cargo tengo una vida privilegiada y me engalano con sedas y encajes, mas en el fondo soy como el resto chicos de mi edad: me agrada la buena música, montar a caballo, charlar con amigos… ¡Por favor, no te sientas mal frente a mí, no hay razón para esto!

La chavala sonrió con timidez, dejando a Alexander aún más maravillado.

  • Aún no sé tu nombre, ni de dónde eres, ni qué haces acá tan sola.
  • Me llamo Rapunzel, y una hechicera me sostiene cautiva.
  • Una… ¿hechicera?
  • Sí, la ruin hechicera Gothel. Me apartó de mis progenitores al nacer y me forzó a vivir con ella hasta el momento en que, hace unos meses, presa de los celos y la envidia, decidió encerrarme en esta fortaleza en la mitad del bosque.

El príncipe sintió una punzada en el ánima ante tal injusticia. ¿De qué manera había podido aguantar esa dulce joven tan largo tormento?

  • Lo que me cuentas es horrible, mas tu sufrimiento ha terminado. Yo te asistiré a escapar y vas a venir conmigo a palacio. Bueno, si de este modo lo quieres.

Se quedaron mirando como 2 tortolitos y los dos se percataron de que habían caído en las redes del amor.

  • ¡Oh, sí, llévame contigo, por favor!
  • Será un honor, mi bella Rapunzel.

Durante unos segundos sintieron que el tiempo se detenía, mas la magia del instante desapareció cuando Alexander se vio obligado a regresar a la cruda realidad.

  • ¡Debemos irnos de este terrible sitio antes que esa peligrosa hechicera nos descubra! Veamos, puedo bajar por tu trenza, mas, ¿de qué manera vas a salir tú de acá? ¡La puerta de entrada está cerrada a cal y canto!

A Rapunzel se le ocurrió una solución.

  • Si me logras un rollo grande de lana y dos agujas de hilar, fabricaré una escalera. Cuando esté lista, la anudaré a la pata de la cama y voy a poder bajar por ella.
  • ¡Amor mío, es una idea refulgente! Mañana voy a traer lo que me solicitas. Aguardaré a que la hechicera te visite y después voy a subir . Y ahora, adiós. Voy a pensar en ti toda la noche.
  • ¡Y yo en ti, amado príncipe!

Antes de desamparar la torre, Alexander la besó en los labios con dulzura. Después, bajó apuradamente por la trenza, montó en su caballo, y partió con rumbo a palacio flotando en una nube de amor.

—————–

Al día después, cumpliendo su palabra, Alexander y Donner se agazaparon tras los matorrales cercanos a la torre. La hechicera, cargada con la cesta de comida, no tardó en aparecer.

  • ¡Rapunzel, niña hechicera, lánzame tu cabellera!

Rapunzel obedeció y Gothel escaló como un mono por una liana. Terminado el encuentro con la joven, bajó y se difuminó en la penumbra del bosque. Solamente perderla de vista, el príncipe salió de su escondite y llamó a su enamorada:

  • ¡Rapunzel, niña hechicera, lánzame tu cabellera!

La chavala lanzó su melena trenzada y recibió al príncipe rebosante de dicha.

  • ¡Te he echado tanto de menos!
  • ¡Y yo a ti! Toma las agujas y el rollo. En los sótanos de palacio hay un enorme taller de costura y el sastre me logró todo en un santiamén. ¿Piensas que vas a tener bastante lana?
  • ¡Sí, mil gracias! Comenzaré a hilar ya mismo para finalizar lo más pronto posible.
  • De pacto, amor mío, no te entretengo más.

Se despidieron con un beso muy romántico, Alexander bajó por la trenza, y Rapunzel se puso a trabajar sin reposo. ¡Nada anhelaba más que recobrar su libertad y casarse con el hombre de sus sueños! Calculó unas un par de semanas en finalizar la tarea, con lo que día tras día se levantaba con los primeros rayos de sol y se ponía a hilar hasta el momento en que oía la voz ronca de Gothel llamándola para subir. Entonces, enrollaba la escalera y la ocultaba bajo la cama.

La hechicera jamás sospechó que Rapunzel había urdido un plan para escaparse con el príncipe, y merced a eso la chavala pudo concluir la escalera en el tiempo previsto. La mañana de la data escogida para escaparse con Alexander, Rapunzel se despertó totalmente dichosa.

  • ¡Qué ilusión! El día de hoy voy a dejar atrás esta prisión para empezar una nueva vida con Alexander.

Todo parecía ir sobre ruedas, mas lo que son las cosas, justo ese día ocurrió una fatalidad. Todo comenzó cuando Gothel cambió el horario de visita y apareció por sorpresa cuando Rapunzel estaba finalizando de desayunar.

  • Te extrañará que venga a verte tan temprano.
  • La verdad es que sí. Usted siempre y en toda circunstancia viene por las tardes, ya antes de la puesta de sol.
  • Ya, mas es que a las 7 hay una reunión de hechiceras y no deseo faltar a la cita. ¡Hace unos siglos que no veo a mis maléficas amigas y hemos organizado una merienda de esas que quitan el hipo!
  • Me alegro por . ¡Espero que disfrute la velada!
  • ¡Desatiende que lo voy a hacer! Toma, acá te dejo el pan, un pedazo de jamón y múltiples piezas de fruta fresca.
  • Gracias, señora.
  • Venga, echa ya la trenza que debo amasar una torta de manteca para llevar a la convención.

Rapunzel acató la orden y Gothel empezó a bajar, mas desgraciadamente a Rapunzel se le escapó un suspiro de lo más inoportuno:

  • ¡Uy, esta mujer debe comer mucho pues pesa bastante más que mi príncipe!

La hechicera, que tenía un oído envidiable, escuchó estas palabras y con exactamente la misma echó marcha atrás. De un brinco, se plantó nuevamente en la alcoba.

  • ¡¿Qué príncipe?!… ¡¿Me has estado escondiendo que un príncipe viene a verte?!
  • ¡Oh, no, señora! En realidad…
  • ¡A enmudecer, niñata! ¡¿Quizá consideras que soy tonta?! Con todo cuanto he hecho por ti… ¡Eres una ingrata!

Presa de la furia, la pérfida Gothel sacó unas tijeras de podar del bolsillo de su mandil, cogió la trenza de Rapunzel, y se la cortó sin piedad.

  • ¡Te lo mereces por traidora y mentirosa!
  • ¡Oh, no, mi trenza!
  • ¡De esta manera vas a aprender a no morder la mano de quien te da de comer!

Rapunzel empezó a plañir agriamente mientras que la hechicera, como un sabueso, registraba la estancia hasta el último recodo. Mirar bajo la cama y descubrir el tema fue todo uno.

Cogió la escalera de lana y la levantó como un trofeo.

  • Atando cabos lo comprendo todo… ¡Teníais pensado escaparos juntos!

Rapunzel no podía ni defenderse, solo lloraba sin parar.

  • ¡No me van a conmover tus lagrimitas de cocodrilo! Pienso llevarte tan lejos que ese príncipe tuyo nunca te hallará. ¡De eso puedes estar bien segura!

Ató un extremo de la escalera a la pata de la cama, la lanzó por la ventana, y forzó a Rapunzel a bajar por ella. Ya abajo, le vendó los ojos y rodeó su cintura con un pedazo de cuerda para llevarla como un cánido con correa. La hechicera Gothel tenía una fuerza excepcional, conque escapar de sus garras era imposible

  • ¡Hala, a pasear se ha dicho! Nos queda un largo recorrido hasta el destino final.

Tardaron dos horas en llegar al sitio más recóndito y sombrío del bosque, un rincón que ningún humano se atrevía a pisar. Allá la desató y le retiró la venda.

  • ¿Qué te semeja tu nuevo hogar? No es lo más cómodo del planeta, mas algo es algo, ¿no crees?
  • ¡Se lo ruego, no me deje acá, por favor!

La hechicera prosiguió hablando tal y como si nada.

  • Cerca hay un arroyo en el que vas a poder lavarte y tomar. Vas a comer frutos silvestres, y para dormir, te servirá esa gruta. Tiene alguna gotera y dentro los murceguillos campan a sus anchas, mas cuando menos vas a pasar las noches a cubierto.

Rapunzel estaba aterrada.

  • ¡Se lo imploro, no lo haga, no me deje acá solita!
  • ¡Chitón! Teniendo presente que me has traicionado, creo que soy bastante desprendida contigo. Y, a propósito, un consejo te voy a dar: no procures huir por el hecho de que te desorientarías y no podrías salir sana y salva de este enorme bosque. Lo mejor va a ser que aprendas a procurarte la vida en este ‘paraíso’.
  • Sabe que no voy a poder subsistir en estas condiciones. ¡¿Qué será de mí?!
  • ¡Uy, mas qué pesada eres!… ¡Hala, ahí te quedas!

Sin ningún género de remordimiento, Gothel dejó a Rapunzel desprotegida en la esquina más lúgubre del reino. Ahora, retornó a toda velocidad al viejo torreón. Al llegar, escaló por la escalera de lana, la retiró, y aguardó al príncipe.

  • ¡Esa cucaracha con corona se enterará de quién soy !

El bueno de Alexander, extraño a todo, llegó puntual a su cita. Pese a aguardar un buen rato, la hechicera no apareció como siempre.

  • Se ve que el día de hoy no vendrá. A lo mejor está enferma y se ha quedado en casa.

Era el día clave, el día de le escapada, y ardía en deseos de encontrarse con su amada. Encantado, se acercó a la torre y la llamó:

  • ¡Rapunzel, niña hechicera, lánzame tu cabellera!

La hechicera debió contener la risa al oír la llamada del príncipe.

  • ¡Este mentecato melindroso se enterará de quién soy !

Agarró por un extremo la trenza que había cortado a Rapunzel y la dejó caer por la ventana.El inocente Alexander comenzó a subir, y cuando estaba a puntito de lograr el hueco, la malévola hechicera chilló con áspera voz de grajo:

  • No procures a tu amada por el hecho de que no está aquí… ¡Tu osadía va a ser tu ruina!

Y en un horrible acto de maldad, soltó la trenza a fin de que el príncipe cayese al vacío y se estampase contra el suelo como un muñeco de harapo.

  • ¡Esto por apreciar quitarme lo que es mío, niñato pedante!

Gothel había llevado a cabo su venganza, y como ya no le quedaba solamente que hacer en la torre, bajó por la escalera de lana y se fue dejando al príncipe inconsciente, absolutamente inmóvil sobre la yerba.

—————–

El hijo del rey tardó múltiples horas en recobrar el conocimiento.

Extendió la mano derecha y pudo tocar a su leal compañero de aventuras.

  • ¡Oh, gracias por no separarte de mi lado! Esa pérfida hechicera me la ha jugado y prácticamente logra que… Donner, ¿qué me sucede? Algo va mal.

Por más que abría los ojos, todo era negro como el lignito.

  • No, no puede ser… ¡Socorro, no veo nada!

Donner le lamió la mano para probarle cariño, a fin de que supiese que no le dejaría solo.

  • ¡Mi benevolente caballo, qué bien tenerte conmigo! A raíz de la brutal caída me he quedado ciego, mas esto no me va a desalentar. Tú vas a ser mi guía y juntos encontraremos a Rapunzel.

Tenía moretones por doquier y le dolía cada músculo del cuerpo, mas rendirse no iba con su personalidad valiente y luchadora. A tientas, se subió a la montura y se dejó llevar.

  • ¡No perdamos tiempo, Donner, vamos a salvarla!

Durante semanas, amo y caballo merodearon por el bosque más grande del reino. Pasaron apetito, sed y toda suerte de dificultades, mas sentían que todo eso merecía la pena si podían localizar a Rapunzel. La esperanza era una llama siempre y en todo momento viva en el corazón de Alexander.

  • Sé que tarde que temprano la encontraremos.

Los días se fueron sucediendo sin novedad hasta el momento en que una calurosa mañana de verano, entre el trino de los pájaros y el rumor de las hojas sacudidas por el viento, el príncipe percibió una voz que le resultó familiar.

  • Amigo… ¿escuchas lo mismo que ? ¡Es una mujer, y canta! Búscala, Donner, confío en ti.

Siguiendo el eco de la voz, el animal llegó a un arroyo. En él, una chica vestida con arrapos remojaba los pies mientras que entonaba una hermosa armonía. Donner se aproximó por detrás, y cuando se detuvo a pocos metros, Alexander se bajó y exclamó:

  • Rapunzel… Rapunzel, ¿eres ?

La chica se viró alterada.

  • ¡Alexander!…No me lo puedo creer… ¡Alexander!

Loca de alegría, corrió hacia él y le abrazó con tanta fuerza que a poco estuvo de derruirlo sobre la yerba.

  • Rapunzel, mi vida… ¡dime que no sueño!
  • ¡Soy , Alexander, soy ! Sabía que cualquier día me hallarías, amor mío.
  • ¡No he hecho otra cosa que procurarte!

Alexander y Rapunzel se sintieron tan felices que comenzaron a saltar, a danzar, a reír… ¡Hasta el caballo se puso a relinchar orate de contento!

  • ¡Por fin juntos por siempre, Alexander!
  • ¡Hasta el fin de nuestros días, Rapunzel!

En plena explosión de alegría, la chica apreció algo extraño en la mirada del hijo del rey.

  • ¿Me ocultas algo, Alexander? Hay algo diferente en ti… ¿Qué ocurre, cariño?

El príncipe se sinceró:

  • Rapunzel, has de saber que no puedo verte. Gothel me dejó caer desde lo alto de la torre y el golpe en la cabeza me dejó ciego.

Rapunzel le abrazó todavía más fuerte.

  • ¡Oh, deja de preocuparte, corazón mío! Yo te quiero con mi ánima y siempre y en todo momento voy a cuidar de ti. Conmigo junto a ti no tienes nada que temer.

Aunque Rapunzel sentía un amor incondicional por Alexander, sintió mucha pena por él y no pudo eludir plañir. Cuando iba a rasgar un jirón de su viejo vestido para enjugar sus lágrimas, unas gotas salpicaron las pupilas sin vida del príncipe. Fue entonces cuando, como en todos y cada uno de los cuentos de hadas, ocurrió el milagro de amor.

  • Rapunzel… ¡puedo verte!
  • No entiendo… ¿Qué afirmas, Alexander?
  • ¡Que he recuperado la visión! ¡Tus lágrimas me han curado!

Rapunzel y Alexander se abrazaron conmovidos.

  • ¡Oh, Rapunzel, soy tan dichoso que solamente puedo solicitar a la vida!
  • Tenemos salud y amor. Ya nada nos falta, Alexander. ¡Somos muy agraciados!

Cogidos de la mano se aproximaron al bello caballo blanco y Alexander le dio unas palmaditas en el cuello.

  • Sin tu ayuda y tus cuidados este sueño habría sido imposible de efectuar. ¡Gracias, amigo Donner, siempre y en toda circunstancia recordaré lo que has hecho por mí!

Rapunzel acarició sus orejas respingonas y se lo agradeció con un lengüetazo sorpresa en la frente.

  • ¡Ja, ja, ja! ¡Qué simpático eres, caballo! Tú vamos a llevarnos realmente bien.

La feliz pareja se subió al animal y Alexander dio la orden de partir.

  • ¡Vamos, Donner, llévanos a palacio!

El heredero al trono y su prometida fueron recibidos con enorme alegría por la familia real y todos y cada uno de los habitantes del reino. Cuenta la historia legendaria que esa semana empezaron a organizar su gran boda, y que Alexander deseó que su futura esposa tuviese el mejor regalo al alcance de sus manos. Para esto, mandó decenas y decenas de emisarios por todos y cada uno de los rincones del país, con un solo objetivo: encontrar a aquella pareja a la que, tantos años atrás, la desalmada hechicera Gothel había arrebatado a su bebé.

El día que Anna y Robert se rencontraron en el salón del trono con su hija se transformó en el más apasionante de sus vidas. En lo que se refiere al link real entre el príncipe Alexander y la princesa Rapunzel, sobra decir que fue el más bello y romántico que en el reino se recuerda.

-FIN-

Más información sobre el cuento original de Rapunzel

La V. O bien. más famosa del cuento de Rapunzel es, sin ningún género de dudas, la que escribieron los Hermanos Grimm, en mil ochocientos doce, no obstante, no es la primera.

El versista napolitano Giambattista Basile la compendió al lado de otros cuentos populares en un libro llamado Pentamerón bajo el nombre de Petrosinella, y se publicó tras su muerte entre mil seiscientos treinta y cuatro y mil seiscientos treinta y seis. La próxima referencia a este cuento popular es Persinette de Charlotte-Rose de Caumont en mil seiscientos noventa y ocho, y después en mil setecientos noventa Friedrich Schulz escribió una nueva versión.

Todas están basadas en el cuento popular La doncella de la torre y se piensa que se inspiró en las historias de Santa Bárbara, a quien su padre encerró en una torre a fin de que no se relacionase con hombres y en un cuento persa titulado Rudaba, que habla de una joven de largos pelos dorados.

Todas estas versiones del cuento original son bastante afines y todas y cada una son menos afables y también infantiles que las que se han escrito más tarde. Estaban dirigidas a adultos y pretendían moralizar a los lectores, no divertir ni instruir a los niños.

En el caso de Rapunzel, en el cuento original la preciosa chica encerrada en la torre se queda encinta del príncipe y la desalmada hechicera la destierra al desierto, donde da a luz sola. El príncipe al enterarse de que ha perdido a su amada se procura suicidar y al caer de la torre se queda ciego.

cuento corto de Rapunzel amoldado del original

Rapunzel es uno de los cuentos populares que más se ha traducido y amoldado durante los años. Mas es quizás uno de los que más se ha suavizado en las versiones siguientes a la de los Hermanos Grimm.

En las versiones que nos han llegado desde el siglo veinte se han ido eliminando elementos de la historia original hasta llegar a la que conocemos hoy día, considerablemente más inocente y también infantil que las primeras.

En las adaptaciones más modernas la doncella no se queda encinta y el príncipe o bien caballero no se procura suicidar. Es la hechicera desalmada la que lanzándole un hechizo le priva de la visión.

Resumen del cuento de Rapunzel

Había una vez, hace muchos años, un matrimonio que ansiaba de manera profunda tener un bebé. Tras años aguardando que su dicha se hiciese realidad, al fin la mujer quedó encinta.

Como consecuencia de su embarazo, la futura mamá empezó a querer unos bellos frutos que medraban en un huerto perteneciente a una casa próxima, mas que estaba habitada por una hechicera desalmada, con lo que no podían lograrlos y día tras día los deseaba un poco más hasta el punto de llegar a enfermar de antojo.

Su marido, agobiado frente a la situación de su mujer encinta se aventuró al jardín de la hechicera y le birló ciertos de esos apetecibles frutos para su mujer. Al ver la mejora de esta al comerlos el marido prosigo robándolos, hasta el momento en que un día la desalmada hechicera le sorprendió y para disculparles la vida a él y a su mujer le hizo jurar que le entregarían a la niña cuando naciese.

Así, al nacer la niña, la desalmada hechicera la encerró en una torre sin puertas ni escaleras, tan solo con una ventana en lo alto. A lo largo de muchos años la chavala medró con la única compañía de la hechicera que, escalando por el dorado pelo de la joven, subía a la torre.

Una mañana, un caballero escuchó la voz de la preciosa chavala y curioso se aproximó encontrándola en lo alto de la torre, peinando su larga melena. El caballero escaló por ella y llegó hasta la ventana donde Rapunzel quedó prendada del apuesto joven.

Pero pronto la desalmada hechicera descubrió la amistad de los muchachos y colérica soltó un maleficio que dejó ciego al caballero, que debió merodear a lo largo de un buen tiempo perdido por el bosque. No obstante, y a pesar de su ceguera, el joven procuró y procuró hasta hallar nuevamente la torre donde conoció a su amada Rapunzel y esta, al verle, empezó a verter lágrimas que al caer sobre el príncipe le devolvieron la visión.

La versión de los Hermanos Grimm

La versión más conocida de Rapunzel es la que escribieron los Hermanos Grimm, incluida en su obra cuentos de la niñez y del hogar que se ha traducido a más de ciento setenta idiomas.

Los Hermanos Grimm escribieron 2 ediciones diferentes de esta obra, y en concreto en el cuento de Rapunzel existen múltiples diferencias entre las dos. La primera versión es de mil ochocientos doce y la segunda de mil ochocientos cincuenta y siete es un tanto más suavizada y esta vez con final feliz, del que carece la primera versión.

En la primera el príncipe deja encinta a la joven, que inocente y sin saber lo que la sucede le pregunta a la hechicera porqué sus ropas le quedan pequeñas, con lo que la hechicera descubre las visitas del príncipe y manda a la joven encinta a una tierra lejana, hostil y solitaria a dar a luz sola. Cuando el príncipe se entera se tira de la torre y cae sobre un espino dañándose los ojos y quedando ciego.

En la versión de mil ochocientos cincuenta y siete, la hechicera se entera de las visitas del príncipe por el hecho de que Rapunzel le afirma que tarda menos en subir a la torre, mas ya no se mienta el embarazo. Además de esto, se agrega un final feliz donde los jóvenes se rencuentran y viven juntos por siempre.

Sobre la película de Rapunzel de Disney

De todas y cada una de las adaptaciones que se han hecho del cuento de Rapunzel, probablemente la más conocida sea la película que Disney generó en dos mil diez basada en el cuento de los Hermanos Grimm.

En esta adaptación un ladrón que escapa de la justicia se oculta en una enigmática torre donde se halla con Rapunzel y tras hacer un acuerdo, los dos viven locas aventuras con la compañía de un jocoso camaleón y un caballo.

La película es el quincuagésimo film de los Tradicionales de la fábrica Disney y fue una de las primeras que la productora efectuó en 3D. Y la música, de Alan Menken, logró una nominación a los Óscar a la mejor canción, si bien por último no recibió la codiciada estatuilla.

Dos años tras el estreno de Enredados, Disney lanzó un corto, bajo el título Enredados por siempre y cuando cuenta la historia del día de la boda de Rapunzel y Eugene.

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