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Lucía y su muñeca – ⭐Cenicientas.es

Lucia y su muñeca cuento infantil primaria

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Disfruta de este cuento como quieras

Lucía era una hermosa niña que vivía en la selva y que tenía una muñeca a la que adoraba. La había fabricado misma con una pequeña mazorca de maíz y le había hecho ropita con sus manos usando hojas de exactamente la misma planta.

Era una muñeca muy humilde que la acompañaba a todas y cada una partes. Tanto la quería que nunca se apartaba de ella. Jugaba a darle comida por la mañana y, de noche, la sacaba a caminar y la mecía a fin de que se durmiese. No había nada que le gustara más que estar con su muñeca.

A veces, su madre la llamaba a fin de que le ayudase en las labores de la casa.

– ¡Lucía , ayúdame a encender el fuego! ¡Lucía , necesito que observes la sopa mientras que recojo fruta!…

Pero la niña siempre y en toda circunstancia estaba tan distraída con su muñeca que ni escuchaba los requerimientos de su mamá. Una mañana su madre se enojó.

– ¡Lucía , esto no puede continuar de esta manera! Me semeja realmente bien que juegues con tu muñeca, mas asimismo tienes que asistirme que sola no puedo con todo ¡Debes ser más responsable!

– Lo sé mamá, mas es que no deseo separarme de mi muñeca ni un segundo.

– Lucía … Es mi último aviso ¡Como prosigas de este modo, te quitaré esa muñeca!

Lucía se amedrentó. Por nada del planeta deseaba que le arrebataran lo que más deseaba. Salió de la casa con su muñeca en brazos tal y como si fuera un bebé y llegó hasta el río que pasaba cerca del maizal. En la ribera, descansaba gandula una tortuga con quien acostumbraba a dialogar muchas tardes.

– Hola, Lucía – le afirmó sorprendida la tortuga al verla por allá a esas horas – ¿Qué haces en el río tan temprano?

– Busco un lugar seguro para ocultar mi muñeca – respondió Yaci con voz triste y pesarosa.

– ¡Ay, eso es simple, amiga! Mira, puedes hacer como . Cuando pongo mis huevos, escarbo en la arena y los entierro, bien ocultos a fin de que no corran riesgo.

A Lucía le pareció una idea estupenda y se puso a cavar un orificio. Cuando acabó, metió en él su muñeca y la cubrió bien de arena. Entonces la tortuga la animó a irse.

– Vete, Lucía , tu madre te va a estar buscando. Despreocúpate por nada. Como tu muñeca está a la vera de donde sepulté mis huevos, observaré los dos escondrijos.

La niña retornó a su casa confiada en que la tortuga velaría por su muñeca. A los pocos minutos de encontrarse con su madre, empezó a llover torrencialmente. Cayó tanta agua a lo largo de semanas, que Lucía no pudo salir de casa en un buen tiempo. Allá continuó con su mamá al calor del fuego ayudándole a hilar alfombras y ropa de abrigo para soportar mejor los meses más fríos.

¡Al fin llegó el verano! Lucía pudo regresar a la ribera del río y también ir al sitio donde estaba sepultada la muñeca hecha con una mazorca de maíz. Sucedió que había nacido una bella planta de la que salían muchas otras mazorcas de maíz.

Cogió una de ellas, fabricó una nueva muñeca idéntica a la precedente y se llevó a casa todas las otras mazorcas. Con ellas, su madre preparó muy ricas tortitas de maíz para merendar… ¡Y esta vez Lucía le asistió encantada a prepararlas!

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